Un profesor de filosofía brasileño explicó por qué Bolsonaro ganó la primera vuelta

15-10-2018 | 09:18

Gustavo Bertoche Guimarães publicó en sus redes sociales un texto autocrítico titulado "¿De dónde surgió el Bolsonaro?" que se viralizó, incluso, más allá de las fronteras de Brasil

Dos días después de que Jair Bolsonaro se impusiera sobre Fernando Haddad, el candidato del PT, el profesor de filosofía Gustavo Bertoche Guimarães decidió compartir en sus redes sociales sus reflexiones sobre el triunfo del candidato que es acusado de "machista", "homofóbico" y "racista".

Profesor de Introducción a la Filosofía y de Métodos y Técnicas de Investigación en la Facultad de Educación y Letras de la Universidad de Iguaçu (UNIG), este doctor en Filosofia por la Universidad Estadual Estado de Río de Janeiro realizó un descarnado diagnóstico sobre el Partido de los Trabajadores (PT) y la izquierda brasileña que rápidamente se viralizó tanto por redes sociales como por servicios de mensajería como WhatsApp.

A la pregunta "¿De dónde surgió Bolsonaro", Bertoche responde: "de nuestra propia incapacidad de hacer la necesaria autocrítica". El académico explica que el del domingo fue un voto "antiizquierda", "antisistema" y "anticorrupción".

A continuación, la traducción del posteo completo del profesor Gustavo Bertoche Guimarães.

¿De dónde surgió el Bolsonaro?

Lo siento, amigos, pero no es de un "machismo", de una "homofobia" o de un "racismo" del brasileño. La inmensa mayoría de los votantes del candidato del PSL no es machista, racista, homofóbica ni defiende la tortura. La mayoría de ellos ni siquiera son bolsonaristas.

Bolsonaro surgió de aquí mismo, del campo de las izquierdas. Surgió de nuestra incapacidad para hacer la necesaria autocrítica. Surgió de la negativa a conversar con el otro lado. Surgió de la insistencia en la acción estratégica en detrimento de la acción comunicativa, lo que nos llevó a demonizar, sin intentar comprender, a los que piensan y sienten de modo diferente.

Es, incluso, lo que estamos haciendo ahora. Mi Facebook y mi WhatsApp están llenos de ataques a los "fascistas", a aquellos que tienen "manos llenas de sangre", que son "machistas", "homofóbicos", "racistas". Sólo que el elector medio de Bolsonaro no es nada de eso ni se identifica con esos defectos. Las mujeres votaron más a Bolsonaro que a Haddad. Los negros votaron más a Bolsonaro que a Haddad. Una cantidad enorme de gays votó a Bolsonaro.

Amigos, estamos equivocando el blanco. El problema no es el elector de Bolsonaro. Somos nosotros, del gran campo de las izquierdas.

El elector no votó a Bolsonaro porque él dijo cosas detestables. Él votó a Bolsonaro A PESAR de eso.

El voto a Bolsonaro, no nos engañamos, no fue el voto a la derecha: fue el voto antiizquierda, fue el voto antisistema, fue el voto anticorrupción. En la cabeza de mucha gente (aquí y en los Estados Unidos, en las últimas elecciones), el sistema, la corrupción y la izquierda están ligados. El voto de ellos aquí fue el mismo voto que eligió a Trump allá. Y los pecados de la izquierda de allí son los pecados de la izquierda de aquí.

Bolsonaro tuvo los votos que tuvo porque evitamos, a toda costa, mirar nuestros errores y cambiar la forma de hacer política. Nos quedamos atrapados en nombres intocables, incluso cuando demostraron su falibilidad. Adoptamos el método más podrido de conquistar mayoría en el congreso y en las asambleas legislativas, por haber preferido el poder a la virtud. Corrompimos los medios con anuncios de empresas estatales hasta el punto en que los medios pasaron a depender del Estado. Y expulsamos, o llevamos al ostracismo, todas las voces críticas dentro de la izquierda.

¿Qué hemos hecho con Cristóvão Buarque?

¿Qué hemos hecho con Gabeira?

¿Qué hicimos con Marina?

¿Qué hemos hecho con el Hélio Bicudo?

¿Qué hemos hecho con tantos otros menores que ellos?

Los que no concordaban con nuestra vaca sagrada, los que criticaban los métodos de las cúpulas partidistas, fueron callados o tuvieron que abandonar la izquierda para continuar teniendo voz.

Mientras tanto, nos engañábamos con los éxitos electorales, y nos convertimos en un movimiento de la élite política. Perdimos la capacidad de comunicarnos con el pueblo, con las clases medias, con el ciudadano que trabaja 10 horas al día, y pasamos a engañarnos con la creencia en la idea de que toda movilización popular debe ser estructurada de arriba hacia abajo.

La propia decisión de lanzar a Lula y a Haddad como candidatos muestra que no aprendemos nada de nuestros errores -o, lo que es peor, que ni percibimos que estamos equivocando, y ponemos la culpa en los demás. ¿Dónde están las convenciones partidarias lindas de los años 80? ¿Dónde están las corrientes y tendencias lanzando contra-pre-candidatos? ¿Dónde están los debates internos? ¿Cuándo fue que el partido pasó a tener un dueño?